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SARMIENTO: una mirada a la personalidad y su influencia en el tiempo

¨... Me parece adivinar aquello que, más allá del político, del ideólogo y del polemista, hace de Sarmiento un escritor: la capacidad, a pesar de la firmeza casi monomaníaca
de sus ideas, de dejarse maravillar por todo lo que en la realidad diversa y adversa las contradice. De esa hospitalidad a lo antagónico nace su literatura. Sus mejores
páginas se las debemos, no a sus esquemas a veces rígidos de reformador,
sino a su lealtad con lo real¨

Juan José Saer

Introducción:De mi parte sólo he puesto la sinceridad

Por: Guillermo Parson.

El epígrafe que antecede sirvió como estimulante y disparador para las líneas que siguen. En él se resumen los dos aspectos que pensamos desarrollar a continuación. En primer término, el deslumbramiento por la escritura de Sarmiento (no es arbitrario extender dicha fascinación a toda su personalidad, el propio artículo de Saer así lo permite) viendo en ella la potencia, muchas veces desmesurada, de aquél que constantemente coteja su cosmovisión- una erudición teórica despareja y caótica - con la testarudez de lo real; sirviéndole de brújula y reorientadora de aquélla.

Nada más alejado de Sarmiento que la figura del intelectual aséptico o del “alma bella” que observa las malezas del mundo sin ensuciarse las manos en ella. Bien podría caberle el axioma que esgrimía un prosista ruso de fin del siglo XIX, cuando afirmaba: ¨... El desacuerdo entre los sueños y la realidad no produce daño alguno, siempre que la persona que sueña crea con seriedad en su sueño, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando existe alguna relación entre los sueños y la vida, todo va bien¨ (D. Pisarev).Y en segundo lugar la cita también es un magnífico ejemplo de la fascinación que la figura del sanjuanino no sólo provocó entre sus contemporáneos, sino también en hombres de la cultura toda, aún-y sobre todo - en el siglo XX.

La intención es hacer un recorrido, tan solo fragmentario (como no puede ser de otra manera, debido a lo inmenso del mismo), de aquellos que dentro de nuestro país- Sarmiento excede el marco nacional - y en distintos ámbitos se vieron tentados a escribir sobre el cuyano. Como ya señalábamos, no sólo historiadores,sino también sociológos, críticos literarios, novelistas, poetas e intelectuales en general; decidieron entablar alguna relación con don Domingo: ya sea ésta de adhesión y admiración como de odio y polémica lacerante. Sarmiento no resultó indiferente a nadie y en gran parte allí reside su encanto.

El gran poeta norteamericano Walt Whitman (si bien contempóraneo del argentino, no tenemos noticia que éste lo conociese) afirmaba que quien tocaba un libro suyo, tocaba un hombre. De los escritos de Sarmiento - y no es un mérito para nada menor - se puede decir lo mismo.

1 -Que todos participen del festín de la vida

Ya el propio Sarmiento desde su temprano Mi defensa como así también en la autobiografía por excelencia Recuerdos de Provincia, se mostraba particularmente interesado en sobredimensionar aquellas que consideraba sus virtudes y puntos fuertes, al mismo tiempo que presentaba con tinte elogioso defectos y debilidades que no dejaba pasar por alto en sus ocasionales adversarios. Existía en esos textos además - y en esto obviamente no es enteramente original - la pretensión de vincular los avatares de su propia vida con los del territorio recién emancipado: “fui engendrado en mayo de 1810” solía apostrofar. Ya Hegel decía que en los grandes individuos históricos sus propósitos particulares contienen la voluntad sustancial del espíritu de un pueblo y de hasta el colectivo universal.

No vamos a realizar un detallado muestreo cronológico- biográfico sarmientino, tampoco es la intención elaborar un riguroso estudio del contexto socio político de las largas décadas de actuación política de nuestro personaje. Nos detendremos sí, en sucesos que marcan su propia formación intelectual e histórica y que tienen debido correlato en el accionar práctico por él emprendido. La doble imposibilidad - por provinciano y por pobre - para acceder a estudios superiores en Buenos Aires, señala una impronta en su vida: la necesidad de forjarse por sí mismo una formación intelectual, alejada de la academia y con un esfuerzo que muchas veces se torna descomunal. Piglia señaló alguna vez que los grandes escritores de este país, apenas completaron la primaria careciendo de estudios secundarios completos (al menos fielmente documentados) y citaba precisamente a Sarmiento, Arlt, Macedonio; hasta el propio Borges.

Su inquietud por toda forma de conocimiento es amplísima: la sociedad, la economía, la literatura, el teatro y hasta la música entraban en el espectro de las curiosidades que lo motivaban. Pero no eran tiempos de apacibles lecturas ni de elucubraciones metafísicas. La ardua tarea de construir una nación- ésta no ¨nació¨ en 1810 como Mitre y otros canonizaron más tarde - envolvía la lucha entre unitarios y federales. Sarmiento no permanece ajeno a ella, más por el deseo de participar de la misma- de “mancharse las manos en el barro de lo real” -, que por convencimiento doctrinario. Adhirió a los primeros, y sin embargo, nadie radiografió tan certeramente como él, la incapacidad y la soberbia de los unitarios para entender y resolver los males de la época:

¨... El unitario tipo marcha derecho, la cabeza alta; no da vuelta aunque sienta desplomarse un edificio, habla con arrogancia... tiene ideas fijas, invariables, y a la víspera de una batalla, se ocupará todavía, de discutir en toda forma un reglamento o de establecer una nueva formalidad legal: porque las fórmulas legales son el culto exteriorque rinde a sus ídolos¨ (Facundo).

El exilio obligado a Chile marcará la primera impronta central en su cosmovisión. Por un lado el acercamiento a personalidades y el contacto con una república que parece encontrar un orden progresista que él cree ausente en su tierra; por otro la voraz necesidad de incorporar todo lo nuevo que la vieja Europa está realizando en pro del mejoramiento social (ya son clásicas las imágenes del joven barbado lector en las oscuras minas de Copiapó o en la sucia buhardilla de una tienda en Santiago). Pero Sarmiento es pródigo en meter el estiletazo sobre aquellas cosas en las cuales cree imperan el servilismo y el atraso - que él relaciona con el pasado colonial -: la ortografía, la educación en general, costumbres y miserias públicas pasan por su cedazo crítico.

Las páginas de varios prestigiosos periódicos trasandinos ofician de presentadores. Años más tarde el mismo Sarmiento lo recordará así “... El Mercurio era una especie de revólver. Tum, tum, tum seis tiros a la semana” y le darán la posibilidad de publicar la que sería una de sus obras capitales, el Facundo o Civilización y barbarie. Mucho se ha escrito sobre dicha obra y cientos de páginas pretendieron realizar la hermenéutica de la misma. Es obvio- y el propio autor cuarenta años después así lo reconocía - laendeblez de la dicotomía del subtítulo y el estilo esquemático del que adolece.Cuenta, eso sí con una virtud inocultable: la de aprehender a ese individuo- caudillo, gaucho, pulpero, estanciero, etc - mediado por el marco social, el cual ineluctablemente lo condiciona.

La debilidad está dada en que en ese marco explicativo, los factores geográficos, naturales- hasta raciales si se quiere - cobran inusitada jerarquía, cayendo en un determinismo que raya el fatalismo. Lo social está pues predeterminado por factores que lo “obligan” a ser lo que es (aquí lecturas iluministas más que románticas, Montesquieu por ejemplo , parecerían estar en ella); pero a su vez va a ser la sociedad quien explique la política y en ello sigue los escritos históricos de Guizot. Sin embargo, qué duda cabe, es el primer intento por realizar un estudio omnicomprensivo de la sociedad y el individuo rioplatense, unido a un proyecto político que obre como antídoto para los males que aquélla padece.

La prosa es arrollladora. Quien se sumerge en ella difícilmente pueda no tomar partido: el propio Juan Manuel al otro lado de la cordillera advertía “... lo del loco Sarmientoes de lo mejor que se ha escrito contra mí”. El viaje a Europa significará otro corte visceral en su interpretación de la realidad y los proyectos que para ésta cobijaba. La desilusión no es menor, en especial con Francia en donde “las mujeres no tienen acceso a los colegios normales y los míseros proletarios vagan por sus calles” y es allí donde cobra sentido la cita del comienzo: “de esa hospitalidad a lo antagónico nace su literatura” y prepara un giro copernicano en su concepción.

La firme adhesión a los postulados liberales en lo político se mantiene inalterable, pero ahora la problemática social asoma con fuerza y se constituye en el obligado complemento de aquellos: ¨... Fourier, Cabet, Owen, en síntesis: el socialismo. Eso es lo nuevo” le escribe entusisamado a un amigo en ese magnífico cuaderno de bitácora que son sus Viajes. Claro está que nada hay más alejado del cuyano, que las ideas revolucionarias de un Blanqui por ejemplo, y que al mismo tiempo que proclamaba lo anterior miraba con cierta desconfianza las barricadas parísinas del 48. Pero “su lealtad con lo real” y el “maravillarse con ésta aun en su adversidad y contradicción” recorren dicho texto, que presenta un fresco inigualable de distintas sociedades decimonónicas en donde los antagonismos no se oculatan ni enmascaran, aunque no se acierte a definir con claridad la génesis de su procedencia.

Este Sarmiento que está a punto de llegar a los Estados Unidos, parece sintetizar una máxima renacentista que proclamará Giordano Bruno, aquella de “obrar para conocer y conocer para obrar”. Y será precisamente el joven país del norte quien comience a reemplazar el modelo que simbolizaba hasta allí la Francia de la gran revolución. Progreso material para un gran número é instituciones republicanas consolidadas, expresado esto por medio de la educación pública y un reparto más equitativo de la tierra; parecen ser los creadores del “milagro”.

Más allá del mito creado después por ciertas corrientes historiográficas - algo diremos en la segunda parte sobre ello -, en cuanto a que elfarmer yanqui representa la única vía posible de desarrollo capitalista en el campo; esto significa un avance en la conformación del “sueño” de Sarmiento para las tierras al sur del río Bravo. Los EEUU serán su nuevo programa político social y esa pasará a ser su idea fuerza. Un texto de 1849, ya vuelto a la patria de O´Higgins parece resumir lo anterior:

¨... La condición social de los hombres depende muchas veces de circunstancias ajenas a su voluntad. Un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos; pero la sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos hayan por la educación recibida en su infancia, preparándose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados. El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que las posean¨(Educación popular).

La creación del Ejército Grande producto de las contradicciones entre los propios sectores hegemónicos de la sociedad rioplatense y lusitana, lo impulsa a formar parte del mismo en aras de ver realizada la caída del hombre fuerte de Palermo. Otra vez aquí su personalidad suscita odios y amores: desde su vestimenta hasta los juicios lapidarios que formula bajo el “inventado” cargo de boletinero, lo muestran nuevamente en su juego preferido, aquel de materializar sus castillos de aire faústicos. En una de sus páginas dirá con marcada reminiscencia hegeliana: “... escribo como medio y arma de combate, ya que combatir es realizar el pensamiento”.

La resolución política de Caseros no lo conforma plenamente y se autoimpone un exilio a su conocido Chile. Esto abre una década de grandes y graves tensiones entre sus postulados y la necesidad de plasmarlos en la realidad, si bien al fin de esta etapa lo encontrará gobernando en su provincia natal y posteriormente al país todo. Pero si algo ha comprendido Sarmiento es que las grandes empresas políticas requieren de actores sociales, vehículos que las logren hacer efectivas, si no quieren permanecer en la mera fantasía. Por allí pasa su preocupación, no siempre claramente expuesta en sus obras, pero sí en su correspondencia: “... Estoy solo, no represento a nadie, eso que puede parecer síntoma de fortaleza es hoy mi máxima debilidad” (Carta a Posse) y ese cuadro de situación lo sumen en la inacción, fatal para una personalidad como la suya. Aquí nuevamente su epistolario nos muestra esto con suma claridad:

¨...Jamás he sufrido como en esta época... He vivivo diez años en la lucha; pero había para mí consolaciones próximas que me alentaban. La aprobación de mis amigos aquí, la aceptación de los pueblos allá, la visión crítica del éxito en el porvenir. Ahora no tengo eso. Vivo solo como un presidiario que guardan Alberdi y su club... Ustedes viven en las agitaciones del foro, de la tribuna, de la prensa y del campo de batalla, viven,que eso es vivir ¨ (Carta a Mitre).

Alberdi, siempre lúcido y premonitorio muchas veces, le dirá en una de sus cartas quillotanas: “... No es la resistencia, señor Sarmiento, lo que deben enseñar los buenos escritores a nuestra América española enviciada en la rebelión; es la obediencia”. Dicho muy a grosso modo, los sectores dominantes de la Argentina post independentista eran “hermanos siameses” unidos por miles de lazos umbilicales, lo que no evitaba choques y enfrentamientos entre los mismos.

Estancieros, terratenientes, comerciantes librecambistas ligados al mercado externo y usufructuarios de las rentas aduaneras de las cuales se apropia la ciudad puerto. Un sector similar en la zona del litoral que se ve impedido de acceder libremente a dicho mercado y levantará como bandera la libre navegación de los ríos arrastrando en su ¨fervor antiporteño¨ a las regiones del interior, sufrientes por las terribles consecuencias de aquello, y que se expresa en la muerte de sus primitivas industrias.

A riesgo de ser reduccionistas, señalemos que el estado de Buenos Aires con Mitre, Anchorena, Obligado y Alsina son la expresión política de los primeros; mientras que la Confederación con Urquiza, Derqui y Alberdi lo son de los segundos. Sarmiento a pesar de su encono nunca disimulado hacia la oligarquía porteña (“esa aristocracia con olor a bosta de vaca” como una vez la vituperó) decide unirse a ella para poder así contar con la apoyatura social que necesitan sus proyectos. Dicha alianza no va a estar libre de pujas y animadversiones, pero es en este momento en donde priman en Sarmiento los rasgos de “sus esquemas rígidos” como decía Saer, y que lo llevan a realizar sus acciones y palabras más desgraciadas: desde aquella admonición de ¨no ahorren sangre de gauchos¨ hasta el visto bueno a esa guerra que debería llenarnos de verguenza, como es la del Paraguay.

Pero lejos estaba Sarmiento de ser un pragmático acrítico, un personaje falstaffiano que navega placidamente sobre las encrespadas olas de la realidad. La ruptura con dicho sector va a ser inevitable. La ironía de la historia es que esa misma oligarquía- algo muchas veces ocultado por la historiografía liberal -no sólo no dio las gracias por los servicios que aquel les había prestado, - mientras le abortaba iniciativas parlamentarias que afectaban sus intereses o realizaba golpes de estado contra su sucesión presidencial - sino que le endilgó el mote de loco, viejo chocho, etc, cuando el sanjuanino poco menos que les gritaba desde su banca en el Senado “ que las vacas gobiernan la política argentina y que él era Don Yo, ante quien habían reculado los más indómitos caudillos del pasado y el presente”.

La creación de “El Censor” es un arma más para combatir al régimen que en la figuras de Roca y su cuñado simbolizan para su visión, el retroceso y la corrupción generalizada. En unas líneas que le envía a Mary Mann, sus apreciaciones llegan al desgarramiento: “... Más bien parece que volvemos atrás como si la generación presente, creada en seguridad perfecta, perdiera el camino.. Sinceramente ya no sé de que lado está la barbarie y de cual la civilización”. La fundación del Partido Republicano, el acercamiento con jóvenes que estarán en la conformación de la Unión Cívica y la Revolución del Parque, parecen ser las últimas realizaciones de aquel que como treinta años antes le reprochara Alberdi, seguía predicando la resistencia y el inconformismo en lugar de la obediencia ciega y la pusilanimidad. Recorrer la figura de Sarmiento entonces, como ya alertamos desde el comienzo, es inagotable. Su ethos vital comprende un sinfin de actividades y prácticas intelectuales.

La mencionada pasión por el arte, su particular relación con las mujeres - la publicación de su correo amoroso ha provocado el asombro de investigadores y aficionados -, los encontronazos con la iglesia y su interpretación del cristianismo, el apego por el desarrollo de la ciencia que para él era sinónimo de progreso e industria, su no menor sentido del humor (coleccionaba las caricaturas de ¨El Mosquito¨, entre otras) expresado en infinidad de anécdotas que su nieto Agustin Belin recogió en un libro de recuerdos, conforman pues un abánico inmenso de partes integrantes de su personalidad, para la cual llevarían cientos de páginas más poder desarrollar profundamente. Aquí solamente las dejamos expuestas, como una evidencia más de una biografía de gran policromía.

Nadie puede escapar a los condicionamientos que su propio contexto- lugar, momento, clase social, etc - les marca. De diversa manera ¨todos somos hijos de nuestro tiempo¨. Sarmiento no fue la excepción, pero pareció sintetizar en su voluminosa obra, y más aún en su práctica política social, dichas limitaciones poseyendo la conciencia- a veces ensombrecida - de las tensiones que la recorren y la batalla desproporcionada por revertirlas.

Muchas de sus propuestas hoy son anacrónicaspero no así muchos de sus interrogantes y los problemas a resolver que ya se visualizaban en pleno esplendor ochentista. Es allí en donde radica su grandeza y lo convierte, increíble y paradójicamente, en nuestro contemporáneo. Un fragmento del que puede ser considerado su testamento, es una cabal muestra de lo que decimos, y una comprobación más de la sensibilidad que transmite su prosa (¿sirve de algo la mera racionalidad si carece de sentimiento? se preguntaba el mismo Sarmiento en una de sus cartas): ¨... he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incensante pugna, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millones en mejores condiciones intelectuales, consolidadas sus instituciones, surcado de vías férreas el territorio, como cubiertos de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, del que yo gocé sólo a hurtadillas”(Sarmiento Anecdótico).

 

El mensaje de Sarmiento, como el de otras figuras no sólo americanas sino europeas, testigos de un mundo que se resistía a perecer y al mismo tiempo no terminaba de engendrar su sucédaneo; es el de un humanismo histórico concreto, en el que la naturaleza y el espíritu, el individuo y la sociedad, la sensibilidad y la inteligencia, la actividad y la contemplación, el saber y el hacer; todas estas antítesis que dividen, la vida del hombre y la desgarran y la frustran, se resuelven en el juego armónico de personalidades libres en una comunidad libre.

II - Sombra terrible... voy a evocarte

Creemos no exagerar si afirmamos que Sarmiento es la figura histórica sobre la cual más se ha trabajado. Interpretaciones y exégesis de su vasta obra (recordemos que ésta consta de 52 volúmenes en la edición de Belin, la definitiva aun por realizar, puede hasta doblar dicho número), evocaciones de tipo escolar- himno, escultura y film incluidos -, biografías académicas y de divulgación, referente obligado de la literatura argentina y hasta personaje histórico- ficcional (Andrés Rivera, Luna, Garcia Hamilton, entre otros) así lo confirman.

Es que la misma excedió el inevitable análisis histórico o sociológico para ser abordada por escritores, filósofos, poetas y artistas en general. Precisamente este último aspecto es el que lo que lo hace más fascinante. Sobre ello en gran medida incursiona esta segunda parte. Toda enumeración en lo que a esto refiere debe - y de hecho ésta no estará libre de ello - pecar de olvidos involuntarios y producciones que el autor ignora. Por ello mismo no es la intención efectuar un exhaustivo estado de la cuestión sobre el particular sino al menos, repasar nombres y obras que sin dudas son expresiones cabales del mismo.

Comenzaremos señalando la propia visión de personalidades que actuaron a su lado en la vida política y muchos de ellos no precisamente como ¨compañeros de ruta¨ de su quehacer cotidiano. Ya hacíamos referencia en la primer parte, a los juicios de Rosas durante su gobierno.

La preocupación por la“cuestión Sarmiento”- así la había denominado en la Legislatura de 1849 - seguía existiendo en el lejano exilio británico, cuando al momento de asumir aqul la primera magistratura del país, escribía “... Su programa es opuesto al sentimiento de la mayoría en las repúblicas de América” (Cartas del exilio). Sarmiento para él seguía siendo Europa y el Viejo Mundo era ahora la añoranza de las monarquías pretéritas, la inestabilidad gubernativa, la anarquía de la Comuna.

El Salón literario y la Asociación de Mayo con tertulias que recorrerán tanto Buenos Aires como el San Juan sacudido por guerras civiles, tiene en el inquieto y prolífico Esteban Echeverría a su exponente mayor. El exilio montevideano luego del rechazo tutelar que el Restaurador de las Leyes le propina, lo acerca a la lectura del Facundo y hallaremos en él, expresiones sobre la obra y su autor:

“...(ésta) da la clave para la explicación de nuestros fenómenos sociales¨ y en cuanto a su creador cree hallar en él ¨... buenas dotes de historiador; sagacidad para rastrear los hechos y percibir su hilación lógica; facultad sintética para abarcarlos, compararlos y deducir sus consecuencias necesarias; método de exposición dramático; estilo animado, pintoresco, lleno de vigor, frescura y novedad”.

Alberdi, como vimos enfrentado muchas veces políticamente con el sanjuanino (aunque al igual que Echeverría provengan del mismo tronco: el liberalismo romántico de la generación del 37), tambien hallará en éste el modelo de lo que él entendía como equivocado e inconducente con las necesidades del país que se intentaba formar. Se cruzarán cartas llenas de iracundia: en una de las más conocidas, lo moteja de intelectual bárbaro calificativo que no desagradó a aquél y que Sarmiento utilizó inclusive en debates con sus ocasionales enemigos.

Sus posturas incongruentes en relación al federalismo por ejemplo, serán una de las no pocas críticas que éste le realiza. Sin dudas posee el tucumano entre sus muchos méritos (modelo de otro tipo de intelectual), el de ser uno de los primeros que objetó la reducción que significaba la dicotomía civilización - barbarie en el esquema del Facundo.

 

Cobra relevancia sobre este aspecto de la observación, lo que el autor de las “¨Bases...” denominaba la inconsecuencia de Sarmiento y que a nuestro entender tiene mucho que ver con su permeabilidad a la realidad, que provoca- saludablemente - disrupciones y cambios en su proceso intelectual. A riesgo de caer en simplismos explicativos, pensamos que lo que para Alberdi es debilidad, conforma una de las cualidades más pronunciadas del sanjuanino.

Mitre también se servirá de su variada pluma para estigmatizar a Sarmiento. El calificativo de loco junto al de pobre hombre son usados recurrentemente para referirse a la desobediencia que el ex gobernador de San Juan esgrimía en medio de su gobierno cuando asistía a un congreso educacional realizado en Lima, por tomar un ejemplo. No faltan tampoco los títulos de ¨dictador ypersonaje fraudulento¨ en ocasión del propio golpe que el escritor porteño intenta dar en 1874 contra la candidatura recientemente electa de Avellaneda, ministro del cuyano.

Sus encontronazos con la iglesia y sectores ligados a ella, lo llevan en su lucha contra “la escuela ultramontana” a ironizar y despedir sus dardos casi sin piedad. La respuesta no se hace esperar y allí tambien hallaremos expresiones y adjetivaciones para con el sanjuanino. Pedro Goyena, José M. Estrada, y hasta el arzobispo Aneiros se despacharán ¨a gusto¨ sobre el infiel, hereje y desvergonzado Sarmiento..

Ya en el terreno historiográfico la lista es inmensa. Entre las obras biográficas clásicas, y dentro del amplio espectro que podríamos denominar como liberal, se hallan la de Alberto Palcos “Sarmiento. La vida, la obra, las ideas. El genio”, ejemplo de relato laudatorio que contiene abundantes fuentes documentales. Fiel exponente de lo que algunas corrientes denominaron la “línea Mayo - Caseros”, allí la actuación de Sarmiento es monolítica, sin fisuras e igual a sí misma durante sesenta años de actuación política. La binaria oposición civilización/barbarie y sus múltiples encarnaciones “campaña - ciudad”, “caudillo - doctor” o “España - Europa” se mantienen vigentes con sus debidos aggiornamientos.

Más matizada y con la misma fidelidad documental, es la de José Campobassi: “Sarmiento y su época” que contextualiza en forma más exhaustiva el periplo doctrinario de su biografiado- el título es un buen ejemplo- y deja entrever las disidencias con la elite gobernante que éste mantuvo hacia el final de su vida, aunque no desarrolla esa problemática en profundidad. Enrique Anderson Imbert en su “Sarmiento, genio y figura” acentúa la personalidad multifacetica del personaje y encuentra rasgos de genialidad, entendida ésta como anticipatoria tanto en relación a sus pares como a la época misma. Historia, arte y ciencia forman el triptico en el que se apoya.

No por menor- esto dicho en relación a su extensión -deja de ser una de las mejores biografías integrales y conceptuales sobre el sanjuanino, la de Natalio Botana: “Sarmiento una aventura republicana” que forma parte de una colección mayor (“Los nombres del poder”) y que combina una excelente edición gráfica- fotos, caricaturas, etc -con un apéndice documental, una pormenorizada cronología y una sección en donde se incluyen algunos juicios sobre la figura en cuestión.

Ya en 1984, el mismo autor se acercaba al sanjuanino en su obra “Alberdi, Sarmiento y la tradición republicana”. Su constancia en la lucha por garantizar instituciones republicanas en la nación recién constituida marca el derrotero de su trabajo y entre las no pocas conclusiones hay una que señala: “... no tuvo más tiempo para abundar en la solución que él creía factible: una república movida por ciudadanos propietarios con libre acceso a la tierra y a la educación”

También existen aquellas obras que toman un determinado aspecto de la actuación de Sarmiento y que constituyen trabajos de real interés. Dentro de ese amplio abanico, la obra “La política agraria de Sarmiento” de Natalio Pisano es realmente interesante. Contextualiza el medio y las ideas que influencian en éste hasta llegar al proyecto de reparto de tierra - minifundio lo denomina - que lleva a cabo en Chivilcoy y que constituye su “programa de gobierno nacional”. Las resistencias que ocasiona y los obstáculos a vencer para poder concretarlo son muchos. El libro da cuenta de ellas e incorpora un copioso material documental que intenta probar dicha hipótesis.

Felix Weinberg en un texto que recoge artículos y conferencias, aborda también el tema agrario e industrial y fundamentalmente el estudio de distintas ideas en el plano social que incidirán sobre Sarmiento y en donde se observa claramente el proceso disruptivo del mismo. Una de sus conclusiones es que “... Las alteraciones de fondo propuestas en la estratificación social y el desarrollo económico implicaban un golpe mortal al predominio de la sociedad tradicional y el ingreso a la moderna sociedad industrial. Con todas sus limitaciones y distorsiones quedaban echadas las bases para que en los años siguientes continuara el proceso a impulso de nuevas fuerzas sociales”.

Para muchos Adolfo Saldías sienta las bases de lo que sería la primera ¨revisión¨ de la historiografía liberal que Mitre y Vicente Fidel Lopez habían dado forma en la mitad del siglo XIX. Este historiador tenía relaciones cordiales con Sarmiento y en su “Historia” el propio papel del sanjuanino no es igualado al de Mitre o Rivadavia y aquí tambien es su ¨desbordante personalidad¨ la que torna dificil cualquier encasillamiento permanente. Pasa algo similar con David Peña, historiador menospreciado por la Academia quien dictará conferencias sobre Quiroga que terminarán conformando un “Anti Facundo” en donde la propia figura del riojano cobra estatura precisamente por la grandeza de su biógrafo.

El revisionismo histórico, también marcado por tendencias y clivajes en su interior, harán de Sarmiento un blanco especial de sus críticas. Desde Ernesto Palacio, pasando por Arturo Jauretche - que no era precisamente un historiador dicho no en forma peyorativa - y llegando a José María Rosa y Fermín Chávez (sin olvidarnos de un ala más de izquierda encarnada en Ortega Peña y Eduardo Duhalde junto a Hernández Arregui) abusarán de cierto maniqueísmo y presentarán la Argentina agroexportadora y la que sucede al peronismo, como productos del pensamiento “europeísta y anti nacional” que simbolizó más que ninguno el autor de Facundo. En una forma indirecta, tambien eso demuestra- y muchos de ellos así lo reconocieron - la enormidad de la figura política de su criticado, aunque más no fuese como expresión de todos los “males y zonceras argentinos” que ésta sintetizaba.

El marxismo criollo no escapó a la fascinación sarmientina y tambien conoció juicios dispares dentro de su “amplio cobijo” doctrinario. El grupo de historiadores de raigambre más ortodoxa- entendida ésta como más cercana a Moscú - en muchos de sus trabajos se confundió con la línea interpretativa liberal y la figura de Sarmiento no ganó precisamente en vivacidad y ¨en maravillarse por la realidad que lo contradice¨ para volver a Saer. Rodolfo Puiggros, Leonardo Paso, Héctor Agosti - mucho más matizadamente - grafican dicha postura (ya veremos cómo lecturas de Ingenieros y su discípulo Ponce están en dichos juicios).

Otro sector, crítico de la visión que ellos entendían como “esclerosada y stalinista” del Partido Comunista y su grupo de historiadores replantearán el esquematismo que creían observar en dichas posturas. Sin dudas Milcíades Peña es uno de sus más claros expositores. Su trabajo al igual que la mayoría de esta corriente (Puiggros será hacia el final de su vida una excepción, que se combina con una asimilación al peronismo setentista) se realiza por fuera de la labor universitaria. El intento por lograr una historia integral de la Argentina desde la conquista al segundo gobierno de Perón toma forma en sus escritos. Allí pues la figura de Sarmiento- y más aún Alberdi - cobra dimensiones distintas ya que simbolizaría la posiblidad (frustrada y conocida por ellos dicha frustración) de un nuevo proyecto de país que carece de ejecutores sociales y políticos. De allí su ¨tragedia¨, término que Peña recoge del primer Lukács.

Otra figura clave de este grupo será la de Luis Franco. Prosista, poeta- bendecido por Lugones, Banchs y Arlt entre otros - , cuentista y ensayista histórico; de escritura punzante y bella a la vez. A la muerte de su amigo Peña termina el volumen que correspondía precisamente al sanjuanino; figura que se constituirá en fuente constante de reivindicación para su obra. La tarea es rescatar a Sarmiento no sólo de sus detractores (eso sería relativamente fácil) sino fundamentalmente de algunos de sus apologistas, dirá en un prólogo a los textos fundamentales del sanjuanino. Trabajos como “Sarmiento y Martí”, “De Rosas a Mitre”, y por sobre todo “Sarmiento entre dos fuegos” se ocuparán de dicho propósito. Aun con sus gruesos errores y limitaciones en Sarmiento se sintetiza según él,toda la voluptuosidad de lo nuevo que arremete contra lo viejo y que tendrá en los sectores dominantes el principal dique de contención a sus realizaciones En pocos textos se observa como en éstos, la riqueza del personaje: desde su bien entendido apego al gaucho, hasta la pasión por la flora, la fauna, el arte, la amistad, el amor, el laicicismo, la fomación integral ciudadanay su praxis. En esa panoplia de intereses estriba su fuerza y su vitalidad

Un caso particular será el de Jorge Abelardo Ramos que si bien ligado a este grupo, realiza un giro hacia posiciones más bien nacionalistas y de apoyo manifiesto al peronismo. Su defensa de Rosas- pero también de Roca - y del primer peronismo -pero también de Menem de quien fue embajador - nos dan cuenta de su peculiariedad. En sus obras tambien intentó reescribir la historia nacional desde el pasado colonial y en ella,Sarmiento fue incluido en el ¨panteón¨ de los anti héroes liberales. Sin embargo (nuevamente) su personalidad lo haría diferente y si se quiere en cierta manera reivindicable: “... Sarmiento no ofrece el espectáculo mediocre de Mitre. Estamos frente a un hombrecontradictorio, vital, creador y provinciano al fin” (Revolución y contrarevolución en Argentina).

La gran camada de historiadores cuya producción- a grosso modo - se lleva a cabo en la segunda mitad del siglo XX y que está sí ligada a la academia, visualizará en Sarmiento un modelo de hombre público y con visiones cuasi geniales. José Luis Romero sin dudas el¨padre¨ de todos ellos, ensaya los elogios más fervorosos a la figura del sanjuanino y en especial del Facundo (“historia profunda” dirá de dicha obra y símbolo de aquel que “ha llegado a la entraña de la historia” opinará de su autor). Su hijo Luis Alberto y en especial Tulio Halperín Donghi trabajaran sobre el mismo eje y con el acento puesto en la construcción de un estado nacional como tarea a realizar y en la cual Sarmiento tiene mucho que decir y aportar. Para este último autor el mejor Sarmiento es el de sus últimos años: “... el dela polémica sobre inmigración y sobre enseñanza laica”¨.

Existe cierta relación conel planteamiento de Botana , aquel en el cual “la república de propietarios” es el ideal que finalmente no cuaja y que hace que nuestro país no sea Estados Unidos (ni siquiera Australia o Canadá, agregamos nosotros) y en donde la problemática agraria - educacional junto auna clase política muchas veces miope no logran efectivizar. En Halperín - y aquí se diferencia en cierta forma de Botana - Roca capitaliza las ideas de Alberdi, quien es entonces el que triunfa. La excepcionalidad argentina (y en ella Sarmiento) está dada porque los proyectos de intelectuales para construir la nación, no está “realizada” sino que va a “parecer” estar configurada. El programa sarmientino fracasa- a pesar de ser realista - porque la elite económica social y la realidad económica que lo ha creado así lo quieren. Junto a esta pléyade de historiadores se hallan otros que encarando globalmente aspectos centrales de nuestra historia, se refirieron a la figura del sanjuaninointentando una sintesís interpretativa entre aquellas más esquemáticas y anacrónicas. Entre ellos podemos mencionar a Hilda Sábato, Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde, Noemí Goldman y Felix Luna.

Cierra el muy resumido espectro, una reciente camada de historiadores jóvenes egresados de distintas universidades del país ya en época de restauración democrática. Los mismos se han visto tentados en desarrollar algunas de las facetas del sanjuanino, y al mismo tiempo descifrarlas motivaciones que lo han llevado nuevamente al centro de la escena política y educacional. Hernán Camarero y Eduardo Sartelli - por citar sólo a algunos - forman parte de ella. Este último, vincula el “redescubrimiento” de Sarmiento por ciertos sectores políticos (oficiales u opositores)a su prédica de “verdadero liberal” que entroncaría así perfectamente con el contexto de neo liberalismo que hegemoniza cierto discurso desde hace más de una década: ¨...El fantasma del burgués constructor, liberal y desafiante, viene a cuestionar a su progenie convertida en rentista... Habrá llegado la hora, entonces, de que nuevos (y mejores) alumnos tomen la posta¨. Camarero por su parte aborda una problemática en particular: la interpretación de Sarmiento- como así tambien de Echeverría - sobre el origen, actuación política y fracaso de la facción unitaria en el período de las guerras civiles, fundamentalmente a través de sus obras monitoras.

En estrecha vinculación con la historia; sociólogos, cientistas políticos e historiadores de la cultura tambien escribieron sobre Sarmiento. José Ingenieros será uno de los precursores. En la temprana década del diez, obras como “La evolución de las ideas en Argentina” y fundamentalmente “El hombre mediocre” presentan al Sarmiento liberal y reformista en su más amplia acepción. El pasado colonial, oscurantista y feudal - siempre según el autor - es el enemigo a vencer: su tarea pues es ciclópea. La educación y la ciencia serán las herramientas del cambio. La “mediocridad” general- vista ésta como producto del medio geográfico y social encarnada en todo un sector social que detenta el poder - son los frenos a la amplitud de miras del sanjuanino que escapa a dichos condicionamientos y toma la estatura de un “genio incomprendido”. El positivismo y la adopción de cierto marxismo que en realidad está más cerca de un materialismo vulgar, se hallan presentes en dichas teorizaciones.

Anibal Ponce, discípulo de aquél continuará dicha temática, pero con mayor plasticidad y no siguiendo perspectivas tan lineales. “Sarmiento constructor de la Argentina” y el más tardío “La vejez de Sarmiento” son sus hitos. Especialmente en este último observa una continuidad dentro de las rupturas teóricas que van moldeando su formación: ésta se halla en la permanencia de su “ardor combativo casi juvenil” expresado fundamentalmente en la lucha con las tendencias ultramontanas imperantesy que para él conforman un cuadro si se quiere imponente. Como ya mencionábamos, los autores marxistas beberán de esta fuente lo que servirá para su conceptualización del autor de ¨Conflictos...¨ como la expresión de una “burguesía nacional” que aún en el siglo XX tenía tareas pendientes que realizar en consonancia con el pasado- y el tipo de conquista: feudal - que el territorio sufrió.

Ezequiel Martinez Estrada poeta en los veinte, se vuelca al ensayo sociológico en los treinta con su celebrado “Radiografía de la Pampa”. Un liberalismo aggiornado, sumado a tintes existencialistas y una afición marcada por pensadores que pueden resultar antitéticos como Marx y Nietzsche marcan su periplo intelectual. Su libro “Sarmiento”, fiel al estilo llano que lo caracteriza, sin aporte de largas citas o fuentes documentales, presenta al argentino como un producto más de esta región del mundo; “telúricamente” marcada por su geografía y contra la cual la vastedad y hondura de las ideas sarmientinas (como la de otros latinoamericanos) chocará inevitablemente.

Ligado al estudio de la historia de las ideas, Oscar Terán no dejará de remarcar la impronta que el propio accionarpolítico y teórico de Sarmiento dejará en sus contempóraneos y en autores y corrientes posteriores (Ingenieros será la expresión máxima de ello). Tambien señalará el viraje entre la concepción determinista - romántica del Facundo y la que se tiñe de un positivismo cientificista(con rasgos fuertemente racistas) en obras como Conflictos y armonías de las razas en América o en el discurso de homenaje a Darwin. Dardo Cúneo, en otra muestra de la versatilidad de los juicios sobre el sanjuanino, vinculará su figura a las corrientes españolas que van desde Larra y llegan hasta la generación del 98 y en especial a Unamuno. Ambas figuras son “... fuerte y hondamente españolas” y lucharán denodamente por llevar a la modernidad a sus respectivos pueblos dejando en el olvido sus rémoras medievales, lo que los convierte en “Quijotes de los tiempos nuevos”.

Un gran arco que cubre desde cientistas políticos hasta investigadores de la cultura, cuando abordan la problemática de la constitución y formación de la nación, no dejan de mencionar la gravitación de Sarmiento; ya sea encarando dicha labor “ostentando” el poder como desde el llano. Oscar Oszlak, Dardo Scavino, Maristella Svampa son algunosbuenos ejemplos de esto. Desde otro ámbito, Beatriz Sarlo encuentra en la gigante figura de Sarmiento que ésta “... no siente el pudor del yo”y ante la carencia de riqueza material, proclamará con desmesura su ¨fortuna cultural¨ labrada a golpes de vencer resistencias y fundamentalmente aquellas encarnadas en la tradición y el dinero. Lo expresará con palabras que no necesitan explicación:

“...Nunca en la cultura argentina, un escritor, un ideológo, un político se sintió tan atravesado y tan dependiente del destino colectivo.Que de este destino Sarmiento excluyera lo que el considera la barbarie, significa que, pordesdicha no hubo posibilidad histórica de imaginar un todo sin exclusiones. En esa construcción imaginaria de la república futura, Sarmiento se coloca representante de tres tiempos: del pasado por su genealogía, del presente por su poder de intervención, del futuro por su capacidad de convertir los discursos en práctica... Su biografía le parece ejemplar porque demuestra que es posible torcerle el brazo a las determinaciones”.

Martín Caparrós ligado a las corrientes nacional revolucionarias de los setenta, vinculaba la tozudez sarmientina por convertir los gauchos nómades en seres industriosos con la prédica iluminista sobre los monarcas dieciochescos, con lo cual al realizar dicha comparación el que sale ganando es el argentino: “... la idea es pensarlo como el primer intelectual volteariano de estas pampas, el primero en abrirse con la pluma su camino al panteón de las máscaras, el primer self made man burgués a la criolla, el que cristalizó el modelo que después comprarían todos aquellos que vendrían a este país a hacer la América, y que él con tanto ardor había llamado”. Otra muestra más del peso de su figura aún sobre aquéllos que dicen estar en sus antípodas.

III - El escritor que deja que el fondo domine y sofoque a la forma es un impotente, y el que deje que la forma domine y sofoque al fondo es un charlatán

Pasar a las visiones que Sarmiento despertó en literatos y escritores de la más amplia diversidad y observar la fascinación que provoca, nos sitúa en uno de las temáticas centrales de la que hacíamos referencia en la introducción. Al conmemorarse el centenario de su nacimiento, el escritor más reconocido e influyente del en ese momento “granero del mundo”, decide celebrarlo con una biografía de fuerte tono apologético. Leopoldo Lugones lo asemeja a una montaña andina, hérculea y majestuosa.Desparramará metáforas que llegan a la grandilocuencia para convencernos de la genialidad de su biografiado. El autor de “La guerra gaucha” colaborará así con la hagiografía oficial pero con la salvedad de que su “Historia de Sarmiento” más allá del fárrago solemne, contiene páginas de gran belleza y hasta de homenaje a la prosa del sanjuanino.

El franco - porteño Paul Groussac, otro referente de las letras argentinas de las primeras décadas (quien muchas veces combinaba en sus escritos erudición y pomposidad por partes iguales como decía Borges) , tambien mostró su admiración porFacundo, al que consideró el mejor libro escrito en Sudamérica en el siglo XIX y a su autor “... indomable, excesivo y ultrajante” como uno de los pensadores excluyentes aún del siglo que acababa de iniciarse.

Ricardo Rojas uno de los primeros que intentó llevar a cabo una historia de las letras argentinas- y literato él además - escribió una de las más particulares biografías de Sarmiento, y a la vez más ejemplificadora de una visión puesta al “servicio de”. “El profeta de la pampa” acompaña el ideario liberal de su personaje, en donde éste queda convertido en un unitario per se, que se oscurece en sus realizaciones y “profecías” a medida que se acerca a la vejez. La crítica al roquismo, su lucha por la enseñanza laica y los encontronazos eclesiásticos serán para él, “... chocheras propias de la ancianidad” y hasta ¨envidia por las realizaciones de los que él despectivamente llamaba militares de babero¨. El “Sarmiento oficial” no puede presentar críticas hacia aquellos que construyeron la Argentina del Centenario y que concitan el elogio de los poetas modernistas como Rubén Darío o la admiración de la más rancia estirpe liberal como Clemenceau. Rojas es tributario aquí de esa mirada retrospectiva. Manuel Gálvez que de un apoyo al yrigoyenismo pasó a posiciones cada vez más nacionalistas en el sentido más reaccionario del término, comparó la fortaleza de Sarmiento con la de aquellos reformadores que seguían a Lutero en el siglo XVI. Su tarea de “demonización” corre pareja a su falta de rigor histórico.
De Jorge Luis Borges se recuerdan su exhuberante erudición y su calidad literaria. Menos soslayada es su fascinación por Sarmiento, no sólo por su esquemática y casi siempre maniquea interpretación de la historia argentina en donde el sanjuanino ocupa quizás el pedestal más alto; sino por su escritura y personalidad demiúrgica. Georgy abandonó su primitivo nacionalismo aporteñado y hasta la vindicación del hombre de Palermo que están en sus primeras obras; para pasar a una visión enteramente liberal u oficial si se quiere, que lo llevó a saludar desde las figuras de Mitre y Pellegrini, pasando por el almirante Rojas y llegar al propio general Pinochet. A pesar de sus múltiples elogios para con el “Martin Fierro”, opinaba que nuestra destino sería mejor si hubiésemos adoptado el Facundo como poema nacional y veía en el personaje sarmientino al ¨más memorable de nuestras letras¨. Pero no se piense que el deslumbramiento por la prosa del sanjuanino obedezca al estilo cuidadoso y preciosista que éste pudiese ostentar. Nada de eso y Borges lo sabe bien:

“...No hay una de sus frases, examinada, que no sea corregible; cualquier hombre de letras puede señalar sus errores; las observaciones son lógicas, el texto original acaso no lo es; sin embargo ese incriminado texto es eficacísismo, aunque no sepamos por qué. A esa categoría de escritores que no puede explicar la mera razón, pertenece nuestro Sarmiento... No significa que el arte idiosincrásico de Sarmiento es menos literario que el de otros, menos puramente verbal; significa, que es demasiado complejo - o acaso demasiado sencillo - para el análisis. Su virtud es la eficacia: cualquiera puede corregir lo escrito por él; nadie puede igualarlo”.

Además el autor de “El Aleph” ficcionaliza un diálogo entre Rosas y Quiroga en el cual la figura de Sarmiento sobrevuela el mismo, y también le servirá de fuente creativa para uno de sus poemas- símbolo perfecto de la personalidad sarmientina - que magistralmente culmina diciendo Noche y día camina entre los hombres, que le pagan (porque no ha muerto) su jornal de injurias o veneraciones... Sarmiento el soñador sigue soñándonos.

Arlt no hace referencia explícita al sanjuanino en ninguno de sus textos - ya sean éstos de ficción o crónica periodística - si bien algunos de sus extensos comentaristas, ubican palabras elogiosas sobre él cuando éste se vinculó a personajes del socialismo nacional que asistían al Teatro del Pueblo. Sin embargo muchos puntos de unión parecen existir entre ambos: su origen social, la fuerza de su prosa y en especial sus certeros estiletazos que parecen sacudir tradiciones y costumbres enmohecidas. David Viñas quien reseñó la historia de la literatura argentina con un fuerte anclaje en lo social, llegó a afirmar que “... en la literatura argentina sólo hay dos tipos a los que se les puede llamar geniales: Sarmiento y Arlt”. Opinaba que el maniqueísmo en la apreciación de su figura caracterizaba a las visiones liberal y revisionista y pedía en cambio que¨... (hay que) proponer un Sarmiento que ángel ni demonio: ´Nuestro Sarmiento´ es más ambiguo que todo eso; más histórico, contradictorio y concreto. Que muy poco tienen que ver , por cierto, con canonizaciones como las que oficialmente proliferan en este país¨.

Ya que hacíamos referencia a reseñas de las letras argentinas, en todas Sarmiento ocupa un sitial priviliegiado. Desde aquella de los años setenta impulsada por el CEAL hasta una de inminente aparición que cuenta entre otros con la dirección de Noé Jitrik son testimonio de ello. Este último autor- además de crítico literario también novelista - realizó uno de los tantos prólogos del Facundo y allí definía a dicha obra, y a toda la prosa sarmientina, como una ¨... inmensa geografía con infinidad de relieves: mesetas, declives y zonas montañosas pero en medio de pinceladas de gran impetuosidad¨.

Ricardo Piglia, escritor y crítico literario, considera al sanjuanino como uno de los escritores que por su forma y calidad de prosa lo convierten en únicos. No sólo en sus obras sino tambien a través del dictado de seminarios y cursos en distintas universidades, ha abordado la figura de Sarmiento. En la ficción su “alter ego” Emilio Renzi cree descifrar el mensaje del exiliado argentino cuando escribe en francés sobre la roca una famosa frase y lo hace citando mal. Allí: ¨... es el momento en que quiere exhibir y alardearcon su manejo fluido de la cultura europea, todo se le viene abajo, corroído por la cultura y la barbarie ... (vemos) como prolifera esa erudición ostentosay fraudulenta, esa enciclopedia falsificada y bilingue¨ La interesante hipótesis que desarrolla dicho personaje- entre las muchas que dispara ese excelente relato que es “Respiración artificial” - es que dicha postura sarmientina inicia y marca una constante en las letras argentinas, teniendo en Borges precisamente uno de sus más notorios cultores (sin olvidarnos que el propio autor de Ficciones señalaba que el cosmopolitismo era una característica obligada de todos los escritores de países periféricos).

El Facundo será para Piglia esa obra ¨inclasificable¨ imposible de encasillar y que en realidad es una “novela de ficción escrita como si fuese verdadera¨. Su inexcusable carácter político no va en detrimento de su forma, sino por el contrario la torna superlativa. Entre otras muchas, en este rasgo se asienta la grandeza de Sarmiento: ¨... la literatura trabaja la política como conspiración, como guerra; la política como gran máquina paranoica y ficcional. Eso es lo que uno encuentra en Sarmiento, en Hernández, en Lugones, en Arlt... La política como el sueño loco de la civilización en Sarmiento¨

En una línea de análisis muy parecida, Juan José Saer hace referencia al sanjuanino en su prolífica producción. En su único libro de ensayos- en cuanto a que es una unidad en sí, no un compilado de diversos artículos - titulado ¨El río sin orillas¨, examina desde el lente del viajero que regresa (está radicado en Francia hace décadas) los grandes problemas del litoral y la Argentina toda desde su temprana conquista. También al igual que Piglia, el conocimiento histórico y su permanente imbricación con lo ficcional recorren su obra; en el trabajo mencionado- más allá de algunas esquematizaciones -, mantiene una constante tensión entre los condicionamientos sociales y la realización de aquellos que tuvieron que ver con el entramado de su proceso histórico. Sarmiento, a veces implícita y otras no, es una presencia insoslayable del mismo. La cita de nuestro trabajo pertenece al prólogo que el santafesino realizó para una nueva edición de los Viajes y une a la vivacidad y frondosidad del texto sarmientino (que por su belleza conserva, dice Saer el carácter de atemporal); la vindicación de su ¨hoja de gastos¨ en la cual se observa lo ateniente al rubro ¨non sancto¨ de orgías. En su último trabajo de crítica, nuevamente Sarmiento frecuenta sus páginas. Al referirse al Facundo señala:

¨... (a ese) híbrido en lugar de querer atribuirle a toda costa un género como muchas veces lo ha intentado un poco perentoriamente la crítica, resulta fácil considerarlo como texto pionero de una modernidad en la que la concepción clásica de los géneros literarios ha sido abandonada, iniciador de una serie de textos inclasificables pero de primer orden. Tales son algunos aspectos de la originalidad cultural del Río de la Plata¨.

Ernesto Sábato no pudo tampoco sustraerse al genio del sanjuanino pese a la admiración por la “razón y el progreso” que éste sustenta. Lo rescata de lo que para él es un iluminismo cientificista y junto con Alberdi encarnará el tipo de intelectual contradictorio,visionario e incomprendido- figura esta última muy cara a la “estética sabatiana” -. Si bien en sus primeros obras la figura de Sarmiento y su Facundo están desparejamente presentes, será en un trabajo de 1979 donde se puedan leer una de las páginas más sentidas hacia el autor de Recuerdos... Entre otros conceptos dirá: ¨... Sí, sigamónos riéndonos de Sarmiento, sigamos arrojando bombas de alquitrán contra sus estatuas - hasta tal punto somos poderosos y perdurables en el resentimiento, casi en lo único que somos - , tomemos en broma a las maestritas... pero señalemos que los que sonríen irónicamente y hasta los que abiertamente se ríen no son pobres gentes de pueblo, sino intelectuales formados en las escuelas inventadas por aquel loco, en los colegios secundarios y las universidades que únicamente existen gracias a él y a sus delirantes herederos; que no sólo llenaron al país de gorriones e italianos, sino de sabios y artistas que, hoy por hoy, y para ser completamente franco, son los únicos que nos honran en el mundo civilizado¨.

Algo similar a lo que ocurría con Arlt, va a suceder con otro escritor paradigmático de la segunda mitad de siglo en Argentina: Rodolfo Walsh. Si bien el sanjuanino no forma parte del “universo” perteneciente al autor de “Operación Masacre” (abordó fundamentalmente la historia del siglo XX y en sus esporádicas menciones al siglo anterior, se desprende su alineamiento con las fuerzas opuestas al sanjuanino y más cercano a la línea revisionista - peronista) muchos vieron cierta consonancia entre su vida y su escritura y la del autor de Argirópolis. También - aunque resulte exagerado - se intentó trazar un paralelo entre la obra máxima del sanjuanino y Operación, aduciendo que ésta “era el Facundo de este siglo” (Bayer). Breve mención a dos textos ¨setentistas¨. Marcelo Sanchez Sorondo en su capítulo “Sarmiento, hombre de acción” recoge una linea de interpretación que no es nueva y que tendrá sus continuadores, allí entre otros conceptos afirma: ¨... Si Sarmiento no hubiese sido escritor parece claro que su acción habría carecido del vigor extraordinario que cobró por el ministerio de la palabra escrita... En cualquier caso, Sarmiento comienza a cobrar existencia visible cuando empieza a escribir¨.

El uruguayo Eduardo Galeano, poeta popular y novelista ligado a la izquierda de aquel país; en su trabajo literario de mayor contenido histórico, y que influenció a decenas de miles de militantes políticos rioplatenses se vio tentado a identificar en Sarmiento - valiéndose de pasajes del Facundo - el programa político, económico y social de todas las clases gobernantes en América Latina y que se caracterizan básicamente por su perfil agroexportador - dependiente del mercado mundial, con ausencia de un proyecto industrial y abjurando al mismo tiempo de éste. Sarmiento así cobra estatura como exponente doctrinario de dicha postura y como la mente más capaz - y a la vez más perversa - de aquéllos intereses. Terminaremos el apartado mencionando otra modalidad bajo la cual Sarmiento es abordado y que quizás sea la que mejor y con mayor claridad refleja la fascinación que causa entre los hombres de letras. Nos referimos a la forma ficcional, siendo él mismo personaje actuante de la misma.

Uno de los que más desarrolló este género fue el ya citado Félix Luna. A fines de los ochenta publicó “Soy Roca” en donde el general tucumano narraba en primera persona los derroteros de su vida y ella se mezclaba con la formación de la Argentina moderna. Luego continuará dicha experiencia literaria con la figura del sanjuanino. En “Sarmiento y sus fantasmas” relatado por un tercero, un Sarmiento ya anciano recibe múltiples visitas con las cuales entablará diálogos que recorrerán desde la ironía hasta la emoción, sin dejar de expresar despecho y asimismo reconocimiento final. Fundamentalmente en tres de ellos lamise en escene llega a su punto máximo; son aquellos en los cuales el sanjuanino se encuentra con Mariquita Sanchez de Thompson, el propio Tigre de los Llanos y el mismísimo Juan Manuel (con quien al comienzo se niega a hablar).

Uno de los primeros - sino el pionero - en introducir a Sarmiento en la novela histórica fue Andrés Rivera. La ficción del pasado argentino es casi una obsesión para este escritor, que ya había dado muestras de su calidad y rigor histórico al vivenciar a Castelli, “primer orador de la revolución” quien termina impedido de hablar producto de una enfermedad terminal y de la incomprensión de sus antiguos camaradas. Será en “El amigo de Baudelaire” donde Sarmiento- si no directamente como personaje central - participa activamente de los intersticios de la novela; que tiene en un hacendado porteño recorriendo el París del creador de Las flores del mal el eje del relato, pero que en realidad es la excusa para hablar del sanjuanino y de la Argentina post Rosas. Saúl Bedoya, que de él se trata (figura arquetípica de una clase social en ascenso: hacendado, agiotista, derrochador del dinero público, etc): “¿ Quién es el señor Sarmiento?¿dónde acaba el señor Sarmiento?. El señor Sarmiento dijo esto de sí mismo: soy el intermediario entre dos mundos distintos... Ese es él y algún día va a morir solo como su grito. Y ese grito, bajo el cielo argentino, gritado por un sólo hombre ¿qué dice de nosotros, los que vivimos aquí a su lado, a los que ama y desprecia? ... Titán, coloso, gladiador: el coro de imbéciles despide al señor Sarmiento, que camina hacia el exilio y la muerte¨.

También el sanjuanino rondará uno de sus últimos trabajos: ¨El farmer¨, en donde el que habla es el exiliado Rosas en su vejez británica y sin interlocutores cercanos a la vista. Ya no por boca de sus personajes, sino en una entrevista en donde repasa la vinculación entre literatura y política en el Río de la Plata, el escritor radicado en Córdoba señala que “... Hay dos Sarmientos, claro. El que es presidente y obedece los dictados de la gran burguesía argentina y hay un Sarmiento en el llano... Y el mejor escritor que tuvo nunca la Argentina ... Díficil que alguien se pueda medir con el autor de Facundo, aún el propio Borges”. Garcia Hamilton presentará en su “Cuyano alborotador” a un Sarmiento que sabe vincular los excesos que lindan con la agresión, fruto de su perseverancia en pos de objetivos precisos; con la ternura y debilidad propia de un romántico avant la lettre en especial con el sexo débil.

A propósito de esto último, la misma ha dado pie para la creación de una novela corta“Montevideo” compuesta por Federico Jeanmaire y que reseña las aventuras del sanjuanino en la ciudad puerto rioplatense y en la cual la figura pública se mimetiza con la privada; combinando hedonismo, amor y proyectos socio políticos por partes iguales. Precisamente, y para terminar, uno de los amores más fuertes-y censurados - de Sarmiento, el que mantuvo con la hija de su amigo Vélez Sarsfield, llevó a otra ficcionalización realizada por Araceli Bellota y que permitió acercar al gran público la correspondencia que mantenían y relatar los últimos días de éste en el Paraguay.

Un trabajo perteneciente a Ernesto Romano- de reciente aparición - sacude el polvo de todas las interpretaciones que existen sobre el sanjuanino ya que“... han juzgado su obra equivocadamente por un vulgar motivo, su escaso conocimiento, han trabajado con su mitad o su tercio y hay quienes se dieron por satisfechos con meras obras escogidas”. Sarmiento - como el Dante - sentencia a su propia época y al hacerlo se enjuicia a sí mismo. Épica periodistica y épica educativa o demiúrgica, conformarían los posibles géneros de un hombre y una vastísima obra inclasificable. Aquí culmina pues el itinerario prometido y no exento de omisiones en cuanto al inmenso “arsenal” de escritores, sociólogos y hombres de letras en general que tomaron la pluma para hablar de Sarmiento. Cerraremos el trabajo con unas breves palabras finales.

A modo de conclusión: ! No ha muerto ! ! Vive aún ! está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas

Sarmiento sigue vivo en los albores del siglo XXI. Permanece vigente en primer lugar su vastísisma prosa: punto de referencia ineludible de las letras americanas. También la personalidad dinámica y contradictoria que sigue oficiando- como tratamos de demostrar - de musa inspiradora para artistas e historiadores varios. Y además, siguen siendo contempóraneas varias de las preguntas y requisitorias que él planteó a lo largo de su vida. Sarmiento siempre fue una figura “molesta” para los círculos gobernantes- aún cuando él mismo se codeó con el poder - y difícil de conformar con el fácil aserto del hecho consumado. No así, como señalábamos al comienzo, poseen validez muchas de las respuestas que él pretendió hallar para un país y un mundo que ya no son los mismos.

Como entoda la gama de grandes personajes de la historia humana (y creemos no pecar de exageración en incluirlo allí ) tuvo luego de muerto infinidad de “apropiaciones”, “miradas” y “lecturas cognocitivas” que tomaban de él lo que les parecía- y servía - a sus propósitos. Dirigentes y políticos de todos los signos, en la cumbre del estado o en el llano, identificaron en su presencia el símbolo por lo cual luchaban o aquello a lo que combatían. Sarmiento no “hegemoniza voluntades” como un San Martín oun Belgrano y eso habla en favor de su ¨hospitalidad a lo antagónico¨ o lo que Alberdi entreveía (¿sinceramente?) como inconsecuencia.

Guillermo Parson -Otoño 2003

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SARTELLI, Eduardo:El mejor de la clase.Artículo publicado en Clarin11/09/99

SCAVINO, Dardo:Las formas de la guerra en Sarmiento.El Cielo por asalto, 1996

SVAMPA, Maristella: Civilización o Barbarie: de Sarmiento al revisionismo peronista.

El Cielo por asalto, 1996

TERAN, Oscar:Alberdi póstumo.Punto Sur, 1988

En busca de la ideología argentina.Punto Sur, 1986

VIÑAS, David:Literatura argentina y realidad política.Siglo XX, 1973

WALSH, Rodolfo:Operación masacre (Prólogo de O. Bayer).Planeta, 1994

WEINBERG, Félix:Las ideas sociales de Sarmiento.Eudeba, 1988

 


 
 


 
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